No lo creí, no podía ser verdad. Esperaba llegar a casa y verte, esperaba encontrarte, esperaba que apareciera tu llamada en el móvil, tu cara en la calle, te esperaba a cada rato.
Me enfadé contigo, con la vida, conmigo, con todos los que por el camino no hicieron nada, y no soy creyente, pero me enfade con Dios .
Intente negociar: en mi cabeza hice mil y una propuestas imposibles de no aceptar, ofrendas valientes, sacrificios épicos, negociaciones quiméricas, y no paso nada… no estabas al llegar, el teléfono no sonaba, nadie respondía a tu nombre. Nada, cero, y llegó el vacío.
Entonces caí en un abismo, profundo, oscuro, en la soledad más absoluta, había tanto vacío que no había espacio para nada .Las mañanas y las noches se unían sin descanso, sin sentido, hacia lo que tocaba sin pensar lo que hacía, solo el vacío… Y un día, de repente, o después de cientos de días iguales, al despertar, dolió un poquito menos ,ya no fue tu cara lo primero, ni la punzada, ni el silencio abrumador de gritos desesperados… metí alguna cosa en el vacío, construí un pequeño y nuevo puzle, no era igual, no iba a ser igual, nunca sería el mismo.
Este puzle nuevo, esta vida, también es bonita, me gustaría enseñártela , y recuerdo que no estás, no importa¡, te lo enseño igual, porque ya no estas fuera, pero siempre estas dentro.
