Cuando era más joven, que cantaría Sabina…
Cuando tenía 20 años, era pecado no salir a diario.
Cuando iba a la universidad, era un milagro no quedarme dormida en casa a primera hora de clase.
Cuando comencé a hacerme mayor, no me atrevía a cobrar a la gente.
Cuando el resto usaba tacones, yo me sentía obligada a hacerlo sin querer.
Cuando era más joven, quería ser rica en euros.
Cuando tenía 29, los 46 me parecían para otros.
Cuando cumplí 30 y dejé de poder usar el carné y la tarjeta joven, entré en crisis.
Cuando soy ahora, miro hacia atrás y a veces parece que era otra persona, no otra versión: otra persona, con el mismo nombre y apellido.
Cuando soy ahora, prefiero despertar de noche y dormirme de día.
Cuando soy ahora, prefiero estar en silencio que hablar por hacer ruido.
Cuando soy ahora, acepto invitaciones que me giran el estómago .
Cuando soy ahora, tengo más hábitos de los que me gustaría, que sé que me van fatal, y aun así, aquí siguen.
Cuando soy ahora, me atrevo más.
Cuando soy ahora, digo sí y luego me acojono.
Cuando soy ahora, prefiero unos lametazos perrunos por encima de miles de cosas.
Cuando soy ahora, puedo ser y no ser, un montón de veces al día.
Cuando sea mayor, ojalá la vida me permita vivir infinitos “donde dije digo, digo Diego”.
No te aferres demasiado a tus creencias.
No te impidas avanzar.
No defiendas contra viento y marea lo que crees, creyendo que es verdad absoluta.
Atrévete a abrir un centímetro la mente, el alma y el corazón.
La inflexibilidad lleva a la ruptura. A la frustración, a la ceguera. Al radicalismo, a la cabezonería, a la imposibilidad de avanzar.
Si estás atenta, puedes ver cómo la vida te invita al movimiento, no siempre a la misma velocidad… de eso también es necesario aprender.
Suelta.
Cuida lo que merece tu energía.
Suelta.
Be water, my friend.
¿Es hora de mirar(te) por dentro? Podemos empezar…
