Esta mañana escuchaba un podcast mientras entrenaba, (me encantan los podcasts). Además, no soy capaz de hacer deporte en silencio porque me aburro infinito y porque no me interesan ni las conversaciones de gimnasio, ni los ruiditos o “ruidotes” normalmente de machos alfa.
Escuchaba a Denise Dresser, que hablaba de su vida y decía, palabras textuales:
“cuando has visto morir a las personas que más quieres en tu vida, adquieres cierta valentía, cierta osadía que es útil en tu vida”
¡¡boom¡¡ me estalló la cabeza…no me había dado cuenta… es tan cierto y yo sin darme cuenta. Como es posible ¡
Si me conoces quizá ya sabes que mi madre falleció hace 17 años. Ella tenía 68 y yo 27 estrenaditos. Estaba en el hospital porque por fin la iban a operar del riñón, para posteriormente poder operarla de una cadera, estábamos charlando tranquilamente, a punto de meternos en el baño para el aseo y ponerse bien guapa y de repente… dolor en la espalda muy fuerte, llamé a enfermeros, llegó un batallón a la habitación, salí, me senté en el pasillo, empecé a escuchar carreras, carro de paradas, alguna voz mas alta que otra y media hora más tarde me contaban que no habían podido hacer nada por ella .
2015, mi papi y yo estábamos en la cocina de su casa, comiendo bonito encebollado charlando posiblemente de lo bien o lo menos bien que lo había hecho el Racing esa semana, se estiró a por una fruta y de repente, dolor en el estómago, ojos en blanco, llamada a ambulancia, médicos, urgencias… y media hora más tarde, me contaban que no habían podido hacer nada por él.
Adiós papá y mamá, adiós de la misma manera, conmigo, solos, de repente… y eso te cambia.
Te cambia no por elección, más bien por obligación, porque algo se rompe y no hay manera de volverlo a pegar, porque algo se muere con ellos y no despierta más, porque algo se despierta y no puede volver a dormirse.
Yo ya había llegado a saber que estas vivencias me habían rebajado la dosis de nivel de drama general en la vida muchos puntos.
Sabía que, desde ese segundo momento del 2015, soy más consciente del momento presente que muchas personas de alrededor.
Sabía que entiendo el concepto de que la vida es un regalo en lo profundo.
Sabía por esto, y por otra muerte posterior y muy dolorosa, que nada es eterno, que todo cambia en un segundo, que cada uno vive los procesos de manera distinta con lo mejor que podemos en cada momento.
Pero no me había dado cuenta del acto de valentía que suponía vivir estas situaciones y poder, a pesar de ello o por ello, considerarme feliz tiempo después.
El grado de osadía que te da saber que has atravesado y con nota (sí, lo digo y los escribo) uno de los miedos más generalizados entre los seres humanos: La muerte de los padres, vaya temazo, ¿verdad? Si os pregunto que os da miedo…probablemente esto salga…pues eso, mi grado de osadía y de valentía, ese, hasta hoy no lo había visto.
Así que aquí estoy escribiendo para reconocerme a mi misma que soy una valiente. Y que eso, lo llevo a mi vida, porque lo que somos en lo pequeño lo somos en lo grande.
Y aquí estoy, escribiéndotelo a ti también por si necesitas leerlo, por si no te diste cuenta o por si necesitas desempolvarlo de tus herramientas para la vida.

¿Sabes? Yo no me consideraba valiente, crecí con muchas etiquetas y entre esas, la cobardía. Con el paso del tiempo, de las circunstancias, de mis vivencias, he ido reconociendo la valentía en mí. Hace casi 12 años, cuando descubrimos que mi madre tenía una enfermedad grave y tuve que verla reducirse día tras día, tuve que verla tan frágil, tan vulnerable, a ella, a quien yo vi siempre como la mujer más fuerte del mundo. Fue muy duro, mi madre literalmente fue muriendo en cámara lenta, pero muy rápido (por contradictorio que parezca), yo sentía que cada día la perdía más. No te puedo explicar lo que esos tres meses fueron para mí. Dos días antes de su muerte, leí en sus ojos que se quería morir, que la dejáramos ir, ese día se me rompió el corazón en mil pedazos y lloré hasta no poder más.
He aprendido a vivir sin verla y sé que aprenderé a vivir sabiendo que no volveré a ver a mi padre… El luto de mi papá lo comencé hace casi 7 años, en el avión viniendo a España. En ese viaje lo lloré a él, lloré la culpa de arrancar a mi hija de su tierra, de su entorno, de su padre, lloré por dejar a mi hijo aún sin saber qué destino tomaría porque en Venezuela no se podía seguir viviendo y lloré mucho el dejar al país al que aprendí a amar, a mis amistades, lo conocido, lo aprendido.
En la entrevista que me hizo la ONG que nos acogió al llegar a Cantabria, me dijeron «Eres muy valiente» y en ese momento no lo asumí, lo vi exagerado… Hoy, sé que lo he sido, que lo soy.
Gracias Ana por esto. 🥰🥰
Y por si tiempo después necesitas leerlo de nuevo, eres muy, muy valiente¡ abrazos enormes