Y cuando la tormenta de arena haya pasado, tú no comprenderás cómo has logrado cruzarla con vida. ¡No! Ni siquiera estarás seguro de que la tormenta haya cesado de verdad. Pero una cosa sí quedara clara. Y es que la persona que surja de la tormenta no será la misma persona que penetró en ella. Y ahí estriba el significado de la tormenta de arena
Haruki Murakami, Kafka en la Orilla. 2006.
Qué duras son las caídas…? ¿Recuerdas alguna vez que hayas ido por la calle y hayas tropezado?
Esos tropiezos en los que de repente el tiempo se ralentiza, pero al mismo tiempo eres incapaz de “echar” manos ni nada que te proteja del golpe, ¿te suena?
En la vida pasa igual, estamos caminando, a veces más rápido de lo que nuestros pies pueden sostener… de ahí la caída.
A veces casi tan despacio que no hay equilibrio que nos mantenga
A veces tan despistados, mirando el móvil, que tropezamos y caemos… recuerdo una época de mi vida en la que estaba sin estar… qué nivel de descentramiento, madre mía, un día que salí a correr, iba mirando el móvil y me comí (más bien engullí sin masticar) una farola, me la comí tanto que caí hacia atrás y rebote… Me sirvió, no creas que no me sirvió el golpe. Lo primero, me inundó la vergüenza, ¡y después, madre mía Ana, ¡cómo vas por la vida… que necesidad de hacerte este daño que te has hecho…! MIRA, MIRA hacia adelante…
A veces… Hay tantas veces
Pero las caídas, las crisis que te dejan con el GPS sin inservible, ese del que ya os hablé, en el que pierdes la cobertura y no funciona ni el cable de carga… en esas veces a mí me sirven algunos de estos recursos, que me digo y redigo y recuerdo:
– TODO es temporal.
– TODO está bien en mi mundo.
– Me recuerdo lo agradecida que estoy por todo lo que sí.
– Me rio, me rio mucho del poder que le doy a mi miedo.
– A veces permito que mi cabeza, se vaya, y se vaya a lo peor que pueda imaginar… la de veces que así he vivido debajo de un puente, sola…
– Comienzo un entrenamiento por inmersión, leo, escucho, veo… empiezo a recolocarme dirección hacia donde quiero ir, o por lo menos, dejo de mirar a la contraria, rodeo mi cerebro.
-A veces, muchas veces, no hago nada y dejo, que me traspase, que me inunde de pena, de incertidumbre, de cansancio, de indefensión aprendida… de lo que sea que esté sintiendo… y una vez vivido… paso a paso… comienzo a usar las otras.
Yo no sé si hay receta mágica(si la tienes y me la pasas)… no hay una única forma, ni 100 diría yo… pero ante las crisis hay alguna cosa que sí o sí, necesitas:
1. Parar, o como poco bajar revoluciones
2. Callarte, cállate, por favor, estate en silencio
3. Pasa tiempo contigo sola, si lo pasas de “calidad” pues mejor que mejor… pero empieza por estar sola… Que poco se practica a veces, y más si eres madre, hija…
4. Escribe, lo que te salga, “mi mamá me mima”, «my Taylor is rich” o lo que sea que te veas capacitada, lo que escribes deja de ocupar espacio en la mente y eso es lo que necesitamos
5. Comparte… busca a alguien o a “alguienes” con quien compartirte, o estar en silencio o hacer macramé, si es lo que necesitas (del macramé ya os hablaré)
Por lo que he visto, por las personas con las que he trabajado en equipo durante tantos años, por las conversaciones, por las que llegan a mi consulta perdidas y sintiéndose mal porque ya no “controlan” como antes, por las vividas, por las que voy a vivir… por todas…
benditas las crisis que nos vieron caer, porque nos verán levantarnos siendo OTRAS, O LAS MISMAS PERO MÁS SABIAS.
