Hoy te traigo una historia. Una historia que podrías ser tu o yo, o cualquiera de las personas que nos cruzamos comprando el pan o sentado en la mesa de al lado en el despacho. Es la historia de Angela, y como llego a su primera sesión…
Yo solo decir que el camino de baldosas amarillas no ha sido fácil, no sirve con ir y sentarse, tu eres el /la protagonista…hay que mancharse y trabajar…pero mejor ella te lo cuenta.
Gracias por tu generosidad y tus ganas de compartir. Gracias por la confianza. Gracias por el camino recorrido. Gracias valiente, gracias.
¿Conoces esa sensación en la que parece que nada en tu vida va como tendría que ir, como si hubieras construido un castillo de naipes y vieses que una carta cae llevándose a todas consigo? Pues eso es lo que yo sentí, que todo se hundía a mi alrededor.
Los primeros síntomas fueron los físicos, un achaque seguía a otro, un nuevo dolor, una nueva enfermedad … nada realmente grave pero todo seguido.
Después vinieron los despistes, episodios de algo parecido a la amnesia, bloqueos… y seguí sin darme cuenta de que algo me estaba pasando. Fue mi gran amigo Chuchi el que sí lo vio , el que percibió que algo me ocurría y yo decidí no hacerle caso, pero llegó un momento en que la situación se hizo tan insostenible que me derrumbé.
Pasaba de un estado de nervios insoportable al llanto y al desconsuelo, nada me hacía feliz a pesar de tener tanto, llegué incluso a detestarme e infravalorarme de tal manera que odiaba la figura que se reflejaba en el espejo.
Me sentía una fracasaba como madre, como pareja, como trabajadora, como amiga, como persona… Odiaba tanto estar en mi cuerpo que llegué a pensar que mi alma o mi espíritu, no sabría como nombrarlo, estaba totalmente desalineado conmigo. No encontraba mi eje y pasaban los días entre el miedo que me daba el futuro, la tristeza y desidia que sentía en el presente , y la culpabilidad y el fracaso que me producía mirar al pasado.
No sabía quién era esa Ángela que vivía en mi y que iba tiñiendo de oscuridad mi vida.
Agradezco que aún tuve fuerzas para pedir ayuda y empezar a terapia y fue ahí cuando todo empezó a cambiar.
Reconozco que fue duro empezar, abrir cajones que llevaban siglos cerrados, enfrentarme a mis sombras y a mis errores… pero más duro fue comenzar a creer en mi, porque llevaba toda la vida creyendo que lo que yo valía dependía de lo que los demás pensarán de mi y no de mi misma.
Siempre me he “regalado” a los demás, por decirlo de alguna forma, para recibir el amor y la atención que no tuve de niña, y lo peor es que nunca fui consciente de ello. Por eso nunca puse límites a nadie y la palabra NO , no formaba parte de mi vocabulario.
Poco a poco y después de mucho trabajo, el negro dio paso al gris y el gris a los colores, y después de varios meses, puedo decir que estoy agradecida, mucho de hecho, de haber caído en este pozo. Hoy miro al pasado sin dolor y al futuro sin miedo, vivo el presente con ilusión y optimismo y aunque se que aún quedan cosas por trabajar y pulir, soy feliz en mi piel y estoy muy orgullosa de mi y de lo que he logrado hasta ahora. Y Ana, quiero decirte de corazón que agradezco haber recorrido este camino contigo porque tu ayuda ha sido vital para mi. Que suerte que el destino hiciera que te viera ese día en Instagram, que por casualidad hablara con mi suegra y ella te conociera y que por ello, me decidiera a marcar tu número. Un antes y un después en mi vida.
Solo puedo decir :
Gracias, gracias, gracias.
“No podemos vivir el atardecer de la vida con el mismo programa de la mañana, pues lo que en la mañana era mucho, en el atardecer será poco y lo que en la mañana era verdadero, en la tarde será falso”
El atardecer de la vida
Wayne Dyer
